Nadie es imprescindible, todos son importantes.

Hoy me siento frente al ordenador con una extraña combinación de orgullo, tristeza y alegría. Tras 8 temporadas y más de 200 partidos dirigidos, decido dar un paso a un lado y dejar el puesto de entrenador del Primer Equipo. Un equipo que vi nacer y crecer como jugador, para posteriormente liderar desde el banquillo un proyecto ilusionante, en el que nuestro Club pudiera ser una referencia en la provincia de Valencia. Muchos son los momentos vividos durante estos años, con numerosos partidos para el recuerdo y otros tantos dignos de no ser contados, temporadas exitosas y otras que transcurrieron sin pena ni gloria, pero siempre con la ilusión de convertirnos en un equipo respetado en el futsal valenciano.

Temporadas 2013-2014 y 2014-2015

Temporadas 2015-2016 y 2016-2017

Las primeras temporadas fueron complicadas, en ellas obtuvimos sufridas permanencias en 1ª Regional y, tras varios años de penurias, el descenso a 2ª Regional. Pero poco a poco, el trabajo realizado con la cantera comenzó a dar sus frutos y algunos jugadores asomaron la cabeza en el Primer Equipo, sin duda esa fue nuestra auténtica tabla de salvación. Estos jugadores, que conocí siendo niños y pude entrenar con 8 o 10 años, se convirtieron poco a poco en el eje vertebral de nuestra plantilla, creando un núcleo imprescindible para un Club colegial como el nuestro. Todos ellos crecieron como jugadores al mismo tiempo que lo hacía el Club, sintieron que su presencia era importante más allá de lograr más o menos victorias, crearon un fuerte sentimiento de pertenencia, de responsabilidad y sentido colectivo. Y alrededor de su figura han llegado y llegarán los mejores años de nuestra breve historia: el ascenso a 1ª Regional, el título de Copa Federación 2017, el ascenso a Regional Preferente y la consiguiente consolidación en la categoría.

Temporadas 2017-2018 y 2018-2019

Temporadas 2019-2020 y 2020-2021

No hay duda de que lo mejor está por venir. Esta temporada confeccionamos una plantilla muy joven de 18 jugadores, 13 de los cuales provenían de las categorías inferiores, de ahora en adelante esta es y será nuestra seña de identidad. Todos ellos conforman una gran familia, que acoge a los que vienen de otros clubs, los involucra y los hace sentir como en casa. Se encargan de acompañar a nuestros ‘juveniles de 4º año’ en su adaptación, a sabiendas que en breve darán un paso adelante y serán el relevo necesario para que la llama no se apague. Muchos han podido jugar en otros clubs, mejorar en sus aspiraciones y afrontar nuevos retos deportivos, pero siempre han priorizado la importancia de seguir construyendo algo juntos, acudir a cada entrenamiento con ganas de compartirlo con amigos y competir con la máxima motivación posible, sin ponerse límites. Eso es lo que hemos construido en los últimos años, ellos y yo, una familia de jugadores y entrenadores que, con sus virtudes y defectos como cualquier familia, comparten un proyecto común y luchan por alcanzar nuevas metas, aprenden de los errores y comparten buenos y malos momentos. Y eso es lo que espero que sigan siendo.

Como entrenador, siento orgullo de haber fomentado esta sensación de hermandad que todos tienen, de haber ayudado a construir este grupo en el que, como dicen ellos: «se pierde y también se celebra». Porque las victorias es fácil compartirlas, pero las derrotas muestran la verdadera cara de un equipo. Y por ello, también siento tristeza de no seguir compartiendo el día a día con ellos, de verles crecer como jugadores y como personas, de ver llegar a las nuevas generaciones que seguro darán que hablar, de no ser partícipe de sus futuros éxitos. Pero como les dije tras el último partido, todos somos importantes pero nadie es imprescindible, y por eso siento alegría por el trabajo realizado durante todo este tiempo, pero sobretodo por las muestras de cariño y agradecimiento que me han mostrado. Las palabras que me dedicaron algunos de ellos valen mucho más que cualquier ascenso o cualquier campeonato que haya podido lograr. Es el reconocimiento que cualquier entrenador o formador querría obtener, esa sensación de haber aportado una experiencia positiva en su vida, un aprendizaje o un buen recuerdo que quedará en su memoria, más allá de los errores que uno haya podido cometer desde el banquillo, que sin duda han sido muchos.

Así que, con este sencillo post les agradezco ese gesto con el que cierro esta etapa, con mucha satisfacción. A partir de septiembre seguiré sus pasos desde la grada y continuaré poniendo mi granito de arena con las categorías inferiores. En sus manos está que la rueda siga girando.

Jose Manuel Martínez

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