Jugadores, padres, madres, directivos y entrenadores

Hace tiempo que doy vueltas a este blog que, a riesgo de ponerme excesivamente trascendente, me apetecía mucho escribir. La experiencia de 11 años trabajando en la formación deportiva ha transformado mi visión de lo que sucede en un club deportivo. Mi visión ha evolucionado durante este tiempo, y no es la misma que hace diez años, ni siquiera es la visión que tenía un par de años atrás. Como sucede en todo aquello que nos rodea, cuanta más información tiene uno más completa y cercana a la realidad llegará a ser su opinión.

Por naturaleza, los seres humanos somos subjetivos, odiamos o amamos a personas, equipos, ideologías políticas, etc. Sobretodo cuando el tema en cuestión nos toca de cerca, la subjetividad nos domina y no vemos más allá de nuestras narices. Esto es lo que pasa en el ‘mundillo’ del deporte y la competición. Jugadores, padres, madres, directivos y entrenadores tienen su propia visión de lo que sucede. La mayoría de ellos están convencidos de que su visión es la correcta y con poca frecuencia se ponen en el lugar del otro. Al mismo tiempo, todos forman una red que rodea al jugador/a y le proporciona la tranquilidad necesaria para divertirse, aprender, mejorar y aportar sus cualidades al equipo. Cuando alguno de los componentes de este sistema falla o ‘empuja’ excesivamente en su dirección, consigue desequilibrar al jugador/a y, en consecuencia, al equipo. En este sentido, siendo consciente de que no poseo la verdad absoluta, pero después de tratar con cientos de jugadores, padres, madres y entrenadores, me voy a lanzar a desvelar algunas realidades con las que convivimos día a día.

No creo que suene demasiado sorprendente, pero el 90% de los jugadores son egoístas y no aceptan ser suplentes, jugar menos minutos de los que esperan y verse relegados a un papel secundario. El jugador tiene afán de protagonismo y quiere destacar sobre los demás. Lo que pocos saben es que el jugador que conoce su lugar en el equipo (sea principal o secundario) es el que más va a aportar, porque conoce sus virtudes y sus limitaciones. Estos jugadores son pequeños regalos que un entrenador encuentra en su equipo, siempre con actitud positiva, siempre creando buen ambiente en el grupo y nunca utilizando la queja como respuesta. En el 100% de estos casos, los padres y madres apoyan las decisiones del entrenador, son conscientes de las capacidades de su hijo/a, aceptan lo que se decida y entienden que siempre se actúa en favor del equipo y del jugador/a, jamás con la intención de perjudicar. Esos niños no escuchan en casa reproches al entrenador, a otros compañeros del equipo o al club, sino consejos y apoyo para que mantenga una actitud constructiva, se diviertan compitiendo y den lo mejor de sí mismos.

Como es lógico, cada jugador es un mundo y en un mismo equipo pueden existir diferentes tipos de jugadores. La gran mayoría de ellos son felices jugando 40 minutos aunque su equipo pierda (sobretodo si han marcado un par de goles), pero también hay jugadores que juegan solo 5 minutos y se van felices porque su equipo ha ganado, jugadores que se van tristes aun cuando juegan 25 minutos y gana el equipo o jugadores que están tristes cuando juegan 5 minutos y ganan. Por último, existen otros jugadores que son felices jueguen lo que jueguen, ganen o pierdan. A estos últimos no les interesa mucho la competición, solo quieren hacer deporte y sentirse parte de un grupo. Pero, ¿qué tipo de jugador es su hijo o hija? Padres, madres y entrenadores debemos conocer lo que tenemos entre manos, tratar de cumplir sus expectativas y que al mismo tiempo entiendan cual es su lugar en un equipo. Solo de esta manera nos aseguramos mantener el sistema lo más equilibrado posible.

Entonces, ¿cuál es el papel de los sufridos padres y madres en el deporte de competición? La totalidad de padres y madres defienden los intereses de sus hijos y, sin ninguna duda, así debe de ser. Pero en algunos casos, ignoran que son la pieza clave del puzzle, son los cimientos que dan estabilidad a todo el sistema. Las expectativas que tiene un jugador deben ser controladas principalmente desde casa: ‘me gustaría llegar a jugar en 1a División’, ‘quiero ser el mejor del equipo’, ‘quiero ser el pichichi’,… son frases que se repiten en la mente de muchos niños y que muchos padres o madres alimentan con su actitud o sus comentarios. Esos niños o niñas están en edad de aprender, eso está claro. Pero… ¿aprender qué? Pues aprender primero todo lo necesario para practicar un deporte, aprender a competir (ganar o perder), aprender a encontrar su sitio en el grupo, aprender a no darse por vencido (siempre dar un poco más), aprender a aceptar que no todo es como nos gustaría y aprender a que muy probablemente no se ganen la vida con el deporte. Este es el mensaje que deben enviar los padres y madres desde casa a sus hijos, antes y después de cada partido, de cada entrenamiento. En el otro extremo, podemos encontrar a padres que ven el deporte como una simple actividad deportiva, no le dan ninguna importancia al resultado (aunque su hijo sí se la dé), por lo que piensan que todos deben jugar más o menos lo mismo, sin tener en cuenta quién gana. Por suerte o por desgracia, todo deporte tiene marcador, un ganador y un perdedor. Por tanto, cuando pasas a participar de una competición no puedes evitar el instinto natural de intentar ser mejor que tu rival, y sino lo consigues, al menos demostrar que eres mejor de lo que eras unas semanas atrás. Eso es lo que hay que valorar, lo que hay que destacar, tanto cuando se gana como cuando se pierde. Jugadores y entrenador se siente reconfortados cuando tras una derrota los padres hacen comentarios como: ‘no pasa nada, ya ganaréis el próximo’, ‘eran mejores’, ‘habéis hecho un buen partido’ o ‘habéis jugado muy bien, mejor que otros partidos’. Algunos ignoran que esta actitud positiva de los padres y madres anima al jugador para volver a intentarlo la semana siguiente y da confianza al entrenador para trabajar sin la presión de unos padres que cuestionan constantemente su trabajo (no es necesario decir nada para que un entrenador sepa que está siendo cuestionado).

Y en medio de padres, madres y jugadores nos encontramos al entrenador. La persona que tiene que gestionar todos los problemas que, con toda seguridad, van a ir surgiendo. Porque la competición es en sí misma un generador de problemas, aunque solo sea por las propias tensiones que conlleva. Generalmente, los problemas se limitan a controlar los ‘egos’ de los jugadores, que como he afirmado anteriormente desean ser siempre ‘el rey’. Porque, por poner un ejemplo, ¿quién no quiere ser capitán de su equipo? Y no por las responsabilidades que llevan consigo, sino por sentirse más respetado que sus compañeros. De este modo, el entrenador tiene dos objetivos: tratar de tener a todos sus jugadores contentos y lograr el mejor resultado posible. El equilibrio es realmente complicado, créanme porque llevo tratando de alcanzarlo más de una década y no siempre lo consigo. Pongo un ejemplo práctico: un partido llega muy igualado a los últimos minutos (2-2) donde el entrenador sabe que puede sacar un resultado positivo, pero su jugador más flojo ha jugado solamente 3 o 4 minutos en el primer tiempo. El entrenador mira al banquillo… Si decide darle más minutos para que pueda participar sabe que con toda seguridad perderá el partido (porque el rival tiene a sus cuatro mejores jugadores), mientras que si mantiene un equipo más equilibrado puede lograr el empate o incluso la victoria. A esto hay que sumarle el propio ego del entrenador que, del mismo modo que sus jugadores, siempre quiere ganar. Un gran dilema de difícil solución, en el que probablemente salga perdiendo él mismo: ¿la tristeza de un jugador a cambio de la felicidad del resto del equipo o viceversa?. Estas situaciones se dan cada fin de semana y siempre van a tener como consecuencia a padres y jugadores disconformes: ‘otra vez hemos perdido, vaya equipo’, ‘qué mal el entrenador al hacer los cambios’,… o también, ‘otra vez he jugado muy poco’, ‘el entrenador no saca casi nada a mi hijo, mientras que ‘Pepito’ ha jugado todo el partido’,… Con esto no quiero defender a capa y espada la actuación del entrenador, ya que una temporada se compone de 18 jornadas o incluso más, y habrá partidos de sobra para poder contentar a todo el mundo con minutos. El entrenador debe saber la marcha del equipo y los minutos que ha ido repartiendo en las últimas semanas, para que una situación negativa no se repita con demasiada frecuencia. Por desgracia, todos los equipos no tienen potencial para ganar o no tienen un entrenador con 15 años de experiencia que saque el 200% de su equipo. Por lo que los resultados no siempre son los que desearíamos, ya sea por los errores desde el banquillo o desde la pista. Pero si todos los que formamos parte de esta red aportamos lo nuestro, como mínimo lograremos crear un ambiente en el que niños y niñas se sientan cómodos, sea cual sea su posición dentro del grupo.

Por último, quiero hacer mención a la labor de los directivos o coordinadores de este club, que habitualmente no reciben ningún tipo de compensación por el tiempo empleado en reuniones, gestión de fichas, preparación de calendarios, organización de cenas, viajes y torneos, o al realizar innumerables llamadas telefónicas. Solo algunos que se acercan a conocer nuestra labor conocen reamente los gastos generados por una entidad deportiva, lo que cuesta hacer que cuadren los números y al mismo tiempo poder satisfacer a todos los equipos tanto en lo deportivo como en lo personal. La mayoría no saben lo que se agradecen unas palabras de apoyo o de felicitación por el trabajo realizado, que solo algunos padres y madres tienen el detalle de mostrarnos todas las temporadas. Existen otros casos de personas que exigen que el club funcione como una empresa, con profesionales que viven de ese trabajo, pero no es así. Entiendo que esta actitud surge del desconocimiento, porque quien se interese por comparar lo que se hace en este club y sus cuotas con las que existen en otras entidades, podrá ver que no hay color. Porque… ¿Cuántos clubs tienen una página web tan personalizada como la nuestra? ¿Cuántos clubs tienen revista propia? ¿Cuántos clubs organizan cenas, paellas, encuentros con jugadores, padres y madres? ¿Cuántos clubs organizan torneos de un fin de semana entero? ¿Cuántos clubs organizan viajes de formación y entretenimiento? ¿Cuántos clubs ofrecen una equipación deportiva a mitad del precio que se adquiere en tienda? ¿Cuántos clubs organizan Campus de Pascua y Verano? Yo respondo por ustedes. Que hagan alguna de ellas, pocos. Que las hagan todas, ninguno. Como es lógico, todo directivo o coordinador comete errores de mayor o menor gravedad, no siempre lo hacemos bien y no siempre estamos acertados en nuestras decisiones, aunque estemos totalmente convencidos de ello. Pero creo que con todo el trabajo que realizamos por los chavales con la mejor de las voluntades, como mínimo, tenemos derecho a equivocarnos.

Mucha información y muchas reflexiones, y otras muchas que he dejado en el tintero. Aunque creo que con éstas es más que suficiente para mostrar la complejidad de este sistema en el que nos encontramos todos: jugadores, padres, madres, directivos y entrenadores. Un barco que se hunde si los que la componen no reman en la misma dirección, utilizando toda la comprensión, comunicación y positivismo posible.

Saludos a todos.

Facebook Comments

POST A COMMENT.