Aptitudes y actitudes

Mucho ha llovido ya, aunque en Valencia esto es más una metáfora que una realidad, desde que escribí mi último post. Y no por falta de ganas, sino por ausencia de un tema que me motivara a escribir y que pudiera resultar interesante de leer.

Finalizando mi decimosexta temporada como entrenador y con una importante mochila de experiencia a mis espaldas, observo el día a día de los clubes deportivos con una perspectiva cada día más completa, donde no siempre se consigue alcanzar la sintonía necesaria entre jugadores, padres, entrenadores y Club.

El deporte, al igual que cualquier actividad de nuestra vida, se encuentra basada en dos grandes pilares: la aptitud y la actitud. La aptitud es aquello que deseamos para nosotros, para nuestros hijos o para nuestros jugadores. Representa nuestra capacidad para realizar una acción con éxito y, aunque no en todos los casos resulta suficiente, siempre ayuda. Por su parte, la actitud es aquello que en ocasiones dejamos de lado, pero que tiene una importancia crucial para alcanzar nuestros objetivos. Representa nuestra disposición ante un obstáculo, una dificultad o una meta, cómo nos comportamos ante diversas situaciones y cómo las afrontamos.

Muchas de nuestras aptitudes son congénitas, nacemos con ellas o no, y nos diferencian del resto de personas. Podemos correr más rápido, saltar más alto, ser más flexibles, ser más coordinados, chutar más fuerte, utilizar las dos piernas, tomar decisiones con mayor claridad, etc. Existen jugadores que disponen de una gran cantidad de aptitudes para practicar deporte, ya sean físicas o psicológicas. Un ‘regalo’ de la naturaleza que les facilita las cosas en sus primeros años. El resto de aptitudes se irán adquiriendo con trabajo y tiempo, entrenamiento a entrenamiento y partido a partido, pero ahí es donde tiene un papel esencial la bendita actitud.

La actitud es un aspecto psicológico, que depende de la forma de ser de cada niño o niña, pero que se acaba formando por la educación y valores recibidos por su familia y entorno educativo. Podemos desarrollar actitudes muy diversas: positiva, negativa, de superación, conservadora, dispuesta al aprendizaje y el cambio, no dispuesta al aprendizaje y el cambio, interesada, desinteresada, comprensiva, no comprensiva, comprometida, no comprometida, etc. Disponer de una actitud adecuada en el deporte, supone la diferencia entre el éxito y el fracaso, y no hablo de lograr campeonatos, sino de conseguir objetivos como: ser capaz de dar bien un pase, ser capaz de anotar un gol, ser capaz de defender bien tu portería, ser capaz de apoyar a un compañero, ser capaz de entender las decisiones de un entrenador, ser capaz de celebrar con respeto la victoria o de aceptar la derrota. Estas capacidades (aptitudes) no son congénitas y dependen en la mayoría de ocasiones de nuestra actitud y los valores que hemos recibido en casa. Las debemos de trabajar desde muy pequeños.

Nos sorprendemos cuando vemos un niño muy pequeño, póngamos 5-6 años, controlar el balón con maestría, pasarlo con casi perfección donde desea y chutar a portería con mucha más fuerza que el resto. Este niño, con su corta edad tiene una serie de aptitudes que le diferencian de los demás, posiblemente algunas de ellas son precoces para su edad, pero el resto de niños acabará alcanzándolas con el tiempo. ¿Qué jugador que entrene desde pequeño no va a aprender a conducir, pasar o chutar un balón?
La naturaleza le ha ofrecido una ventaja respecto a sus compañeros, que van a tener que trabajar esas habilidades porque no las han desarrollado de manera natural, pero si disponen de la actitud necesaria podrán superar con creces al primero. La aptitud no es una garantía de convertirse en un buen jugador, ni en un gran estudiante o trabajador, la actitud sí.

Cada día vemos niños con grandes aptitudes, pequeños jugadores que son capaces de utilizar ambas piernas o conducir el balón con soltura, también porteros con una gran flexibilidad para llegar a balones que parecen imposibles o grandes reflejos para reaccionar ante un tiro. Pero no todos disponen de la actitud necesaria para reconocer que les queda mucho por aprender y que deben esforzarse por hacerlo, por lo que pasan los años y simplemente les queda eso, sus aptitudes de cuando eran niños y que ya no son suficientes. Cuando eres Cadete o Juvenil, ya no sirve que simplemente sepas pasar el balón, conducirlo, chutar a portería o correr por la banda y chutar. La dificultad del juego ha aumentado y tu capacidad para intervenir en él se ha estancado porque no has aprendido casi nada. Y todo por tu falta de actitud. Estos jugadores no suelen entrenar bien, no se esfuerzan o no ponen mucha atención, solo les interesa jugar partidos por esa dejadez que arrastran, pensando que su aptitudes le darán buen resultado. Si tú como padre o madre quieres saber, qué tipo de jugador es tu hijo, ven a verlo entrenar, a ser posible sin que él te vea. Es fácil reconocer las aptitudes de un jugador, pero observa como entrena y reconocerás su actitud.

En el último Campus de Pascua, iniciamos un día la sesión de entrenamiento y mandé al grupo a correr unas pocas vueltas al campo, con el fin de comenzar a calentar antes del primer ejercicio. Pues bien, mi sorpresa fue ver a la mitad del grupo andar prácticamente desde la primera vuelta. Pero, no andar mientras yo no miraba como hemos hecho todos de manera pícara cuando éramos pequeños, sino sin ningún pudor delante de mis narices y tras avisarles hasta en cuatro ocasiones. Es decir, muchos de ellos decidieron desobedecer la primera orden sencilla del entrenador, que era correr durante aproximadamente 2 minutos. Esta es una muestra de la falta de actitud y respeto que sufre la figura del entrenador por parte de las nuevas generaciones. Una falta de actitud hacia el entrenador pero también hacia ellos mismos, que se verán perjudicados en el futuro.

He sido jugador durante más de veinte años de mi vida y siempre he pedido permiso a mis entrenadores para algo tan básico como beber o ir al baño, ya que mis padres me enseñaron que en la hora y media que estaba con esa persona que intentaba enseñarme algo, me debía completamente a él, estuviera o no de acuerdo. En la actualidad, veo continuamente jugadores que se saltan la disciplina de un equipo: se van de un banquillo en medio del partido para jugar con un balón, no aparecen en un tiempo muerto o descanso porque estan bebiendo de la botella de agua de su padre/madre o no siguen las pautas marcadas por el entrenador de manera totalmente consciente. El mensaje que se está dando es muy claro:

  • No acepto ningún tipo de disciplina.
  • No me debo a nadie, ni siquiera a mis compañeros.
  • Yo marco mis propias normas y dirijo mis acciones.
  • Tengo mi propio criterio, el del entrenador no me gusta/no me sirve/no lo acepto.

Desgraciadamente, la familia es la culpable de gran parte de estas actitudes, que perjudican tanto al jugador como al equipo. Al jugador le perjudicará en su progresión y en el futuro no podrá disfrutar del deporte del mismo modo, por sus problemas de comportamiento o porque se ha quedado atrás deportivamente. Y al equipo le afectará en ese mismo momento, ya que ese jugador que forma parte de un grupo y cuya participación es importante, no será la que necesitan sus compañeros (estará despistado, no atenderá, no llevará a cabo las indicaciones del entrenador, no mejorará o aportará muy poco al equipo).

Aún no soy padre, pero creo que mi formación, mi experiencia docente y mis años tratando con cientos de niños me proporcionan un pequeño máster. Del que extraigo algunos consejos para los padres y madres:

  • No desacredites a tu entrenador delante de tu hijo/a.
  • No contradigas las decisiones del entrenador.
  • Cuando no estés de acuerdo con alguna situación, háblalo con el entrenador en privado y con calma, tratando de entender su postura y tratando de explicar la tuya.
  • Proporciona toda la autoridad al entrenador y apoya sus decisiones.
  • Enseña a tu hijo/a a obedecer y respetar las decisiones del entrenador, aunque no esté de acuerdo, al menos como muestra de respeto a la autoridad.
  • Enseña a tu hijo el valor del compromiso, la importancia de participar de todos los entrenamientos y partidos, para aprender cuando juega más y cuando juega menos. Cada entrenamiento o partido es una experiencia. Es difícil realizar un entrenamiento o partido 100% productivo, sino dispones de los jugadores para ello. Cuando no entrena o no va al partido, no está fallando al entrenador, está fallando a sus compañeros.
  • Enseña a tu hijo el valor de pertenecer a un grupo. Cuando uno pertenece a un equipo, no puede nunca priorizar lo individual sobre lo colectivo.
  • Si tu hijo no tiene muchas aptitudes, refuerza el valor del esfuerzo y la superación. Y si tiene aptitudes, refuérzalo también en el esfuerzo recordándole que le quedan cientos de habilidades o conocimientos que aprender.
  • El deporte representa un porcentaje de tiempo muy pequeño en la vida de los jóvenes, por lo que solo consigue reforzar ciertos valores que deben desarrollar. Los padres son los responsables de inculcarlos, nunca un club deportivo o un colegio.
  • Todos estos consejos no solo le van a servir en el deporte, sino también en la escuela, en la calle o en el trabajo. Ten por seguro, que muchas de las actitudes que muestra en su equipo, las mostrará en el resto de ámbitos de su vida.

Con estos consejos no pretendo adoctrinar a nadie ni enseñar a como ser padre o madre, ya me tocará a mí y trataré de hacerlo de la mejor manera posible. Pero sí quiero reflejar una realidad que se encuentra ahí delante de nuestros ojos, sobre la que cada uno debería reflexionar.

La historia del deporte está llena de jugadores de los que se hablaba maravillas en sus inicios, por sus aptitudes que les diferenciaban del resto, pero que acabaron viendo como sus carreras se evaporaban. Probablemente, sus entrenadores o sus padres malgastaron mucho tiempo en recordarles lo buenos que eran pero no lo buenos que podían llegar a ser con esfuerzo y actitud.

Por mi parte, prefiero y preferiré siempre un equipo con actitud. Un equipo con buena actitud mejora y se convierte en un buen/gran equipo, en el que todos se sienten satisfechos por lograr objetivos que antes pensaban imposibles. Un equipo con buena aptitud pero sin actitud siempre es menos equipo y su brillo acaba desapareciendo con el tiempo.

 

Jose Manuel Martínez

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